William Dávila B (09/02/08)
No hay duda de que el narcotráfico está metido en Venezuela. Todos los días salen noticias de narcotraficantes que pululan por los diversos pueblos de nuestro país. Unos provienen de los carteles colombianos, otros son propiamente venezolanos, en las diversas modalidades y dimensiones. Los hay a la carta, según el menú de los consumidores de las grandes mafias financieras que se hacen poderosas con el comercio ilegal. Moisés Naim ha investigado en profundidad las redes del narcotráfico, son más poderosas que las instituciones que conforman los Estado-nación de hoy día.
Si la magnitud del problema sobrepasa la capacidad de respuesta sistemática y organizada de las instituciones de la sociedad democrática nacional e internacional, mucho más grave es cuando los grandes Capos de la droga actúan bajo la mirada complaciente, por decir lo menos, de los gobiernos o enmascarados en actividades políticas, financieras, sociales, etc., lo que les da a los Capos una connotación a lo Robín Hood que llegan incluso a ser protegidos en comunidades que ellos mismos financian y construyen.
No podemos dejar pasa lo que ocurrió en Mérida el jueves 31 de enero cuando fue asesinado el Capo colombiano más buscado, apodado el "jabón", perteneciente al Cartel del Norte del Valle, organización de narcotraficantes considerada por autoridades de Colombia y Estados Unidos como la más poderosa de este país sudamericano, acusada de exportar unas 500 toneladas de cocaína desde 1999 valoradas en unos 10.000 millones de dólares. ¿Dónde fue asesinado? En las cercanías de la ciudad de Mérida. ¿Qué documentación portaban? Cédulas a nombre de Weimar Pérez Aramburu y Antonio Pérez Chacón, este último tenía las huellas dactilares del Capo Wilber Varela, el "Jabón". ¿Quién expidió estas identificaciones? El Ministerio del Interior y de Justicia debe dar una respuesta al respecto, porque, o, ellos a través de funcionarios comprometidos con el narcotráfico dieron las cedulas de identidad falsa o hay una red que se encarga de hacerlas como miembros de la organización criminal.
Mérida está invadida por el narcotráfico, y no hay excusa al decir que eso también pasaba “la cuarta república”, porque este Capo tenía dos años en Venezuela bajo la mirada complaciente del gobierno. Para nadie es un secreto que fuentes de seguridad de Colombia sostienen que varios narcotraficantes de este país se refugian en Venezuela, para eludir la intensa persecución de las fuerza armadas.
Chávez tiene una clara vinculación con las FARC, organización que no ha desmentido sus vínculos con el narcoterrorismo, y si le sumamos estos hechos como lo sucedido en Mérida, nos induce a pensar que el gobierno se está convirtiendo en el gran facilitador del trafico de cocaína hacia Europa y Norteamérica.
Algo está pasando y Chávez, como su gobierno, andan perdiendo el tiempo en una guerra planetaria que lo lleva a coincidir con los contra demócratas fascistas y con organizaciones narcoterroristas. Su ejemplo que trasluce de hacer normal el uso y la utilización del término Coca transmiten un resquebrajamiento ético y moral de un sociedad corrupta que gira en torno al poder que Chávez representa. Sus gobernadores son simples acólitos que no tiene voz propia, y se ven arrollados en este momento porque el silencio que mantuvieron por años los ponen ante el cadalso que la historia ha construido, porque han permitido con su complacencia y cobardía todos los desmanes de un autócrata que prefiere vincularse con el narcoterrorismo que trabajar con la sociedad democrática.
Nuestro compromiso es luchar por rescatar los valores esenciales de Mérida, de la provincia venezolana. Haremos de Mérida, otra vez, el Estado más seguro de Venezuela, cueste lo que nos cueste. Los valores esenciales del andino siempre fueron la estabilidad familiar, la religiosidad, el trabajo, este es nuestro compromiso, y trabajaremos sin descanso por esos valores.
(Articulo publicado en la Columna Avanzada en el Diario El Nuevo Pais el dia 5 de febrero del 2008).